Chile lidera el camino hacia una desalinización sostenible mediante el uso de energías renovables y tecnologías de bajo impacto ambiental, permitiendo producir agua potable sin emisiones de carbono y protegiendo el ecosistema marino.
SANTIAGO, marzo de 2026. En el marco del Día Mundial del Agua, la industria hídrica se reúne para abordar la contradicción entre la mitigación de la escasez hídrica y el aumento de la huella de carbono generado por el elevado consumo energético de la desalinización convencional, y, en mayor medida, por el transporte de agua en zonas donde no llegan las redes sanitarias, como ocurre con el camión aljibe. En un escenario de creciente estrés hídrico, la transición hacia modelos carbono neutrales se presenta como la solución para garantizar el suministro sin comprometer el medio ambiente.
La clave de esta evolución reside en el aprovechamiento de fuentes renovables, lo que permite que la producción de agua sea resiliente y sostenible. Chile, con su extensa costa y su oleaje, actúa como un laboratorio natural para implementar tecnologías que no dependen de la red eléctrica ni de combustibles fósiles.
La adopción de procesos que utilizan energías renovables no convencionales, como la energía solar o la energía cinética —por ejemplo, la del movimiento de las olas—, permite transformar el perfil ambiental de la industria. Carlos Fredes García, gerente de Negocios de Oneka Technologies, destaca que el impacto de estas nuevas tecnologías es directamente medible en la lucha contra el cambio climático: “La implementación de sistemas autónomos y sostenibles permite que cada metro cúbico de agua producido diariamente evite la emisión de una tonelada de CO₂ al año en comparación con la desalinización tradicional; o, aún más, un camión aljibe genera 4,3 kg de CO₂ por m³ transportado frente a 0,3–0,5 kg por m³ en una desaladora compacta”.
Este avance tecnológico representa un doble triunfo: protege los acuíferos vulnerables y reduce drásticamente la huella de carbono del sector hídrico.
Resiliencia y protección del ecosistema marino
El debate actual, que cobrará especial relevancia durante el Congreso ACADES 2026, enfatiza que la desalinización del futuro debe ser armónica con el entorno. Para lograrlo, los nuevos proyectos integran estándares de protección ambiental avanzados:
- Gestión de la salmuera: se generan descargas de concentración moderada que se dispersan rápidamente para minimizar el impacto local.
- Protección de la biodiversidad: uso de tomas de agua ecoamigables y filtros de 60 micrones diseñados específicamente para proteger las etapas tempranas de la vida marina en las zonas costeras.
- Infraestructura descentralizada: modelos modulares que producen agua in situ para comunidades e industrias, eliminando los costos y las emisiones asociados al transporte a largas distancias.
“La convergencia entre la innovación tecnológica y una legislación moderna es indispensable para que la desalinización deje de ser percibida como una amenaza y se consolide como el motor de la sostenibilidad en la región”, señala Carlos Fredes García.












